miércoles, 25 de septiembre de 2013

Leer para saber que no estamos solos

Tengo una buena amiga, Aida, que ha decidido aventurarse en el complicado mundo editorial, y para darse a conocer ha creado un blog y una página en Facebook que sigo con regularidad. Así mi amiga, que ha sido recientemente madre, se ha embarcado en un proyecto arriesgado, pero del que está sacando buen provecho, aprendiendo día a día, afrontando esta nueva etapa de su vida con gran ilusión. Debo decir que Aida es además de madre y emprendedora diseñadora gráfica, nos conocimos en un curso de diseño de páginas web, así que ya os podéis imaginar lo versátil que es mi amiga.
Hace unos días Aida compartió en su página Aversalita  un interesante artículo que me llamó mucho la atención: La literatura es mejor que la autoayuda, inmediatamente pinché en el enlace para saber de que iba el asunto. Así encontré una frase de las autoras de esta teoría, Berthoud y Elderkin, quienes afirmarn que los libros nos “abren caminos para superar las dificultades de la vida”. Así estas dos mujeres han escrito un libro “The Novel Cure: An A-Z of Literary Remedies” (Penguin), en el que nos aconsejan una serie de títulos literarios que nos ayudarán a superar nuestros achaques, como dicen sus autoras si estos  libros no consiguen curarnos, al menos nos habremos enriquecido con ellos, ¡qué maravilla!, ¿verdad? El artículo sigue con una serie de recomendaciones literarias destinadas a aliviar nuestros males, ya sean un dolor de muelas, una pequeña depresión, o falta de liquidez en nuestra cuenta corriente, un mal muy habitual en nuestros días.
Además, el artículo cita a C. S. Lewis para recordarnos que “leemos para saber que no estamos solos” (“We read to know we are not alone”). Hermosa frase sin duda y que cierta es, ¿verdad?
Entonces me puse a pensar, este verano he vivido en compañía de las hermanas Bennet, mientras Lizzy rechazaba al señor Darcy, para después darse cuenta de que no era el hombre desagradable y desconsiderado que ella se había imaginado, yo sentía caer mis propios prejuicios al tiempo que Lizzy superaba los suyos. Entonces abrí los ojos, y recordé la belleza de Bath, donde tanto tiempo pasó Jane Austen escribiendo, y recordé aquellos hermosos lugares que visité hace ahora ocho años, y no pude evitar recordar la emoción que me embargó al pasear junto a su antigua casa.
Este año también he vivido Cien años de soledad, y rodeada de sus personajes me di cuenta de que la vida es cíclica y todo parece comenzar una y otra vez. También he entendido que la muerte forma parte de la vida, y quienes un día formaron parte de nuestra vida no nos abandonan al dejar este mundo, siguen a nuestro alrededor, viven en nuestro corazón.
También he descubierto historias tan desgarradoras como la de Marguerite Duras en El Amante, y he sentido como ella la incomprensión de un mundo caótico, en el que he vivido un amor sin futuro por el que he llorado amargamente, consciente de que un día habrá de terminar.
He sufrido con Frankestein por la criatura creada jugando a ser dios, esa criatura que después ha aprendido los peores vicios del ser humano, ha matado, mentido, robado, y sin embargo no he podido evitar compadecerme de ella, abandonada a su suerte despreciada incluso por su creador. Era amor lo que anhelaba sentir, un contacto físico, una caricia, una palabra de aliento, pero, el ser humano, que siempre rechaza aquello que es diferente le dio la espalda, y aunque intentó hacer el bien, al final tanto odio y desprecio le llevaron a cometer las más perversas atrocidades.
 En definitiva, cuando leemos no solo descubriemos que no estamos solos, sino que volamos hacia lugares en los que nunca hemos estado, lugares que tal vez tan solo existieron en la imaginación de su autor. Los pesares y las tristezas desaparecen de nuestra mente aunque lloremos con el protagonista; otras veces en cambio sentimos una inmensa dicho y reímos como no lo hemos hecho nunca.
Desde luego  yo no he estado sola este verano, he estado en compañía de todos estos personajes y muchos más, y también he estado en compañía de todos vosotros que estáis ahí. Ahora llega el otoño y con él el nuevo curso, nuevos planes  y de nuevo la búsqueda de un empleo que me permita estudiar y llevar la vida que siempre he querido tener. Mientras llegue ese momento los libros serán mi luz y mi consuelo, mi esperanza y mi tranquilidad. Y vosotros amigos quienes me deis ánimos para seguir adelante en este complicado momento que nuestra sociedad está viviendo.
Paseando por Toledo descubrí esta preciosa librería
hogar de fábulas y aventuras que anhelan ser descubiertas

Quiero dedicar esta entrada a todas las personas que estáis siempre ahí, especialmente a mi amiga Aida, pero también a Lidia y a Julio, a Emma, a Ana Carmen, a Mary Mar Camino, y a amiga Sara que también empieza a hacer sus pinitos en esto. Y por supuesto no me quiero olvidar de Marigem que siempre está ahí y una vez más me concede un premio que tengo que agradecer, y de mi amiga Ana Belén, que está empezando una nueva etapa en Menorca, ánimo Ana, que a partir de ahora la vida será lo que tú quieras que sea. ¡Ay!, por poco me olvido, también quiero agradecer a mi amiga Jana de Nice que es un solete y me ha diseñado una bolsa superchula en la que voy a llevar libros a montones para mis tardes de sol y libros.
No, desde luego no he estado sola este verano, ¿y vosotros?
Y esta es la bolsa que me ha diseñado mi amiga Jana de Nice
La frase es de Charly Brown, recuerdo de infancia ;-)


Si sois como yo lectores empedernidos os recomiendo que echéis un vistazo al blog donde he leído tan interesante artículo, seguro que os encanta se llama Qué leer.

Este verano también me ha acompañado la mejor música, así he disfrutado de autores tan variados como Bvorak o Tchaikosvky, entre otros, y ahora mismo estoy disfrutando de Purcell y su The Fairy Queen, obra maestra que despierta en mí las más bellas emociones, os dejo con ella.





viernes, 20 de septiembre de 2013

Una habitación para nosotras solas

Estos días estoy leyendo A room of  one’s own the la gran Virginia Woolf, un libro en el que analiza el papel de la mujer en la ficción. Esto me ha hecho reflexionar mucho, ya que si bien hemos avanzado mucho, la realidad es que todavía nos queda mucho camino por recorrer.

La frase que da título al libro es muy explícita, una mujer si quiere escribir necesita una habitación para ella sola, yo a veces pienso que necesita una casa entera alejada del mundanal ruido. Es habitual cuando nos sentamos a escribir que alguien entre en esa idílica habitación por uno u otro motivo, además, a menudo se nos requiere que abandonemos nuestra tarea para ocuparnos de los asuntos del hogar. Así, es muy complicado sentarse delante de la pantalla del ordenador y dejar que las musas hagan su trabajo, pues estas al menor contratiempo suelen irse con la música a otra parte. Esto por desgracia es algo que lleva sucediendo desde que el mundo es mundo, y me temo que llevará mucho tiempo cambiar esa tendencia.
Otra pregunta que plantea la escritora, que sigue sin respuesta en nuestros días, es ¿dónde estaban las mujeres en la época de Shakespeare?; ¿acaso no había mujeres que escribían antes del S. XVIII? Pues bien, si las había posiblemente fueron silenciadas por la historia, obligadas a contraer matrimonio a muy temprana edad tal vez con algún adinerado pretendiente escogido por sus padres sin tener en cuenta su opinión. Por supuesto no pudieron ser admitidas en ninguna de las escuelas británicas de prestigio, y el latín y el griego no estaban entre las enseñanzas recibidas, en cambio,bordaron con primor el ajuar con el que un día dejaron su hogar para pasar a formar parte del patrimonio de otro señor, perpetuando así el patriarcado. Por eso como la propia Virginia comenta amargamente, tal vez Shakespeare pudo tener una hermana con su mismo talento, que posiblemente encontró todas las puertas cerradas, tal vez sufrió el desprecio de los grandes empresarios teatrales y posiblemente terminó sus días de manera miserable y su cuerpo tal vez repose enterrado bajo los cimientos de alguna carretera  en Elephant & Castle.
Cuando leemos nuestros libros de historia encontramos pocos nombres femeninos, los grandes héroes son casi siempre hombres, pues al fin y al cabo ellos escriben la historia, y son pocas las mujeres que ocupan un lugar destacado en los libros. Así grandes mujeres como Marie Curie son una clara excepción en nuestros anales de historia, y mucho me temo que aun nos queda mucho camino por recorrer.
Hoy en día todavía existen países en los que las mujeres no tienen ni voz ni voto, es más, sufren en silencio la discriminación más terrible, y sus derechos son vulnerados de manera sistemática. Desgraciadamente en países como la India las niñas son forzadas al matrimonio a muy temprana edad, y en otros países no reciben la educación que merecen, pues son excluidas de cualquier programa educativo simplemente por el mero hecho de hecho de ser mujer. Además, existen muchos otros países donde simplemente no pueden salir a la calle sin la compañía de un varón, y se les prohíbe vestir de manera provocativa, esto es, salir sin velo a la calle, pues parece ser que el rostro femenino debe ser cubierto o de lo contrario serán flageladas.



Tal vez esta niña algún día tenga la vida que merece


Esto  es lo que le ha ocurrido a Amira Osman en Sudán, quien está acusada de llevar indumentaria indecente simplemente por no cubrirse el cabello con un pañuelo. Desgraciadamente hay muchas mujeres como Amira, que han sufrido algún tipo de represalia por defender sus derechos en algunos países, algunas por desgracia han perdido la vida en una batalla que parece no tener final.
Hoy comparto con todos vosotros este caso para que firméis la petición a través de la web de Amnistía Internacional, así Amira estará un poco menos sola, y será el pequeño granito de arena que tal vez permita construir algún día una sociedad más justa.

En resumen si hay algo que estoy aprendiendo al leer a Virginia Woolf es que una mujer si quiere escribir necesita una habitación para ella sola, pero también una educación de calidad y así tendrá la vida que merece y a la que todas las mujeres tenemos derecho.

Y para terminar os dejo con una pieza de música de esas que a mí me gustan: Giovanna D'Arco de Giusepe Verdi interpretada por Anna Netrebko y Plácido Domingo. El libreto difiere un poco de la historia real de Juana de Arco, aquella adolescente que escuchó la voz de dios y fue  quemada en la hoguera acusada de brujería, algo que nos parece muy lejano en nuestros días, sin embargo, todavía hay mujeres a las que defender sus derechos les cuesta la vida. 



domingo, 15 de septiembre de 2013

Soñando con mis abuelos

Hace tan solo unos días en una de mis clases de yoga, ¡que tanta falta me hacen!, durante la relajación me ocurrió una cosa extraordinaria, al menos desde mi punto de vista. Marián, nuestra dicharachera profesora, que siempre nos hace visualizar lugares cálidos y acogedores en los que nos sentimos tranquilos y relajados, nos llevó a una playa. Mientras una sugerente música sonaba de fondo, me senté en la cálida arena y allí sentada sentí como las olas del mar acariciaban mis pies, sin duda estaba en el paraíso. De repente Marián nos hizo evocar un cielo azul, y a lo alto pudimos divisar una gaviota que alzaba el vuelo (Marián no sabe que odio las gaviotas, pero se lo perdono)
Y mientras la brisa cálida acariciaba mi rostro, de repente vi a una mujer joven y guapa, mi bisabuela Consuelo, que sentada a mi lado, acariciaba mi pelo con la dulce suavidad de sus manos. Entonces sucedió algo más hermoso aun, mi abuela, a quien tanto he echado de menos en estos últimos meses, también se sentó a mi lado y me abrazó. A lo lejos pude ver la barca de remos de mi abuelo, que acompañado de su hermano Joaco, me saludaba con brío, recordándome que siempre estará a mi lado por mucho que pasen los años. Por eso ayer me emocioné mientras paseaba en buena compañía por el Puerto Deportivo de Gijón, pues al ver el mar en calma en la noche gijonesa no pude evitar imaginármelo de nuevo a bordo de su barca de remos.

Los seres queridos no se van del todo, siempre dejan una profunda huella en nosotros, que no podemos evitar recordarlos en fechas destacadas, como estos días de septiembre en los que en Candás se celebran las fiestas del Cristo, que tantas veces disfruté a su vera. También están en el mar Cantábrico y en el paseo marítimo de Candás que tantas veces recorrieron. Pero si hay que me sorprende cada día es descubrir lo mucho que me parezco a ellos, y reconocer en mis gestos los mismos que ellos solían hacer.

Si hay algo que admiro de mis abuelos, los de Candás y los que vinieron de Porcía, Valeriano y Ana María, es ese amor que se guardaron durante tantos años,  me gusta pensar que sobrevivió  a la muerte. Así me imagino que ambas parejas estarán reunidas de nuevo en alguna estrella, desde donde velan mis sueños, y de vez en cuando aparecen en ellos para recordarme que no estoy sola porque forman parte de mí. Así mientras escriba sobre ellos y cuente sus historias seguirán vivos en mi memoria y en la de los que me rodean. Se amaron mucho, aunque alguna que otra vez no pudieron evitar alguna que otra regañina, que sin duda se la llevó el viento, pero estuvieron juntos durante muchos años, y aunque la muerte los separó, siempre permaneció el recuerdo de ese gran amor que vivieron y el legado que dejaron, que somos sus hijos, nietos y biznietos.

Todos añoramos sentir ese amor que un día vivieron nuestros abuelos, algo que en estos tiempos parece una quimera. Inmersos en esta vorágine que es el día a día, abandonándonos a la rutina de un mundo globalizado en el que todos tenemos demasiada prisa, a veces nos olvidamos de vivir, y así historias de amor como las de nuestros abuelos hoy nos parecen imposibles. Siempre hay quien  piensa que no es igual el amor a los dieciocho que a los cuarenta, y tal vez tenga razón, pero yo creo que es igual de hermoso, porque cuando llegamos a esa edad ya sabemos lo que queremos y prestamos más atención a lo que realmente merece la pena, olvidando entonces los ideales románticos de nuestra juventud.

Contemplando el mar al anochecer no puedo evitar recordar a mi abuelo
© Matthew Green for openphoto.net

En estos días alguien me habló de una canción de Freddy Mercury, la voz de Queen, que tantas historias hermosas nos regaló con su voz melodiosa y potente. You take my breath away es una "pequeña canción", como el propio cantante decía, sin embargo, desde mi punto de vista es una hermosa declaración de amor, que da muestra de la enorme sensibilidad del cantante. Freddy Mercury debió amar mucho a alguien, no sabemos quién sería el destinatario de tan hermosas palabras: “Tú te llevas mi aliento”, “si me desterraras de tu vida moriría”, “puedes reducirme a un puñado de lágrimas”, para terminar diciendo “te amo”. Sin duda esa persona a la que Freddy amó fue muy afortunada pues encontró en él a alguien que era capaz de dar la vida por el ser amado, algo que en nuestros días parece muy difícil de encontrar, o, tal vez no tanto.


jueves, 12 de septiembre de 2013

La discriminación que no cesa

Ser mujer es un orgullo, por lo menos en mi caso, pero cuando miro a mi alrededor me doy cuenta de que a pesar de todo lo que hemos avanzado aun queda mucho por hacer, y a veces me siento un poco frustrada. No me refiero solo a la situación de la mujer en algunos países, ya que también en nuestro país es habitual que muchas mujeres sufran algún tipo de discriminación en sus puestos de trabajo.

No hace mucho tiempo me comentaba una amiga que en su lugar de trabajo, una gran empresa reconocida a nivel mundial, que se jacta de respetar más que nadie los derechos de los trabajadores, las mujeres que optan por reducir su jornada laboral para cuidar de sus hijos sufren algún tipo de discriminación. Es más, contaba que a una de sus compañeras le habían preguntado “amablemente” si podía renunciar a su reducción de jornada, a lo que ella respondió que no, ya que deseaba seguir cuidando de su hijo, la respuesta fue algo así como “atente a las consecuencias”. Triste historia, ¿verdad?, pero por desgracia no es la única. Y alguien me ha comentado que en alguna empresa las mujeres son aconsejadas que no tengan hijos, porque si los tienen su trabajo se verá afectado y…, bueno ya sabéis lo que pasará entonces, ¿verdad?
En cuanto a mi experiencia personal os podría contar que no hace muchos años en una entrevista de trabajo la entrevistadora preguntaba si tenía cargas familiares, no las tengo, pero si las tuviera no sería de su incumbencia. Por supuesto mi estado civil es algo que interesa bastante en los procesos de selección, si bien en la última entrevista no salió a relucir, ¡menos mal!
Pero si hay algo que me tiene enfadada y un poco desengañada, es lo complicado que resulta encontrar un trabajo de media jornada para compaginarlo con mis estudios. No hay medias jornadas me comentaba hace poco una amiga, al menos no en grandes empresas, en ellas todo el mundo espera que trabajes tus ocho horas diarias de rigor, y si tienes que hacer horas extra debes tener toda la disposición del mundo para ellas. Si estudias debes arreglártelas como puedas, para eso están las largas horas de la noche, y desde luego no pidas horas para ir a los exámenes, que no vaya a ser que algún compañero te tenga que sustituir unas horas y menudo lío.

¿Por qué será tan difícil que se nos tenga en cuenta en el mercado laboral?
"Image courtesy of Ambro / FreeDigitalPhotos.net".

No entiendo porqué en este país no se considera un buen trabajador a quien decide reducir su jornada laboral por los motivos que sea. En este país lo que nos sobran son personas que pasan largas horas en sus puestos de trabajo a menudo leyendo el periódico, algo que he visto con mis propios ojos en algún que otro organismo oficial o sindicato.

Soy mujer, tengo treinta y nueve años y además soy estudiante, así que soy calvo de cultivo para que me discriminen en todas partes, no debería ser así, ¿verdad? 

Y para terminar os dejo con una pieza musical que a mí personalmente me gusta mucho: Lascia ch'io pianga de Haendel en la voz de la maravillosa Marita Solberg, espero que os guste.


sábado, 7 de septiembre de 2013

Sueños de septiembre

Parece que el verano ha abandonado Asturias porque hoy nos hemos levantado con el cielo gris y la lluvia ha vuelto de nuevo a nuestro cielo. No pasa nada,  hemos tenido un verano lleno de días de sol y playa, en el que hemos disfrutado de buen tiempo y hemos pasado momentos inolvidables, que guardaremos en nuestra memoria por mucho tiempo.
Pero septiembre ya está aquí y con él la vuelta al cole para los más pequeños, o la vuelta al trabajo para los que tienen la suerte de tener uno. En mi caso septiembre significa preparativos de boda (la de una de mis hermanas, no os asustéis) y enfrentarme de nuevo al reto que supone estudiar una carrera con casi cuarenta años.
Lo primero es un poco agobiante, ¡qué ganas de que pase!, pero lo segundo me tiene muy contenta. Si el año pasado me enfrenté a esta nueva etapa de mi vida con mucha ilusión pero también con mucho miedo, este año he renovado la misma ilusión pero el miedo se ha esfumado. Las buenas notas del primero curso, que me han permitido disfrutar de un gran verano ;-), me han dado la confianza suficiente para creer que soy capaz de sacar esta carrera tal y como me había propuesto. Y para no dejar nada al azar, me he pasado el verano adelantando las lecturas de literatura inglesa II, de esta manera tendré más tiempo para preparar el resto de asignaturas, sobre todo literatura clásica que por lo visto es todo un reto.
Todos tenemos sueños por cumplir, a mí todavía me quedan unos cuantos pendientes, algunos se realizan, otros en cambio acaban cayendo en el olvido. El sueño de tener por fin un título universitario cada día está más cerca, y yo voy a poner todo de mi parte para que llegue a ser realidad algún día, aunque a veces se me ponga un poco cuesta arriba, o a mi alrededor se acumulen comentarios negativos y desalentadores. Los sueños hay que perseguirlos hasta las últimas consecuencias, no podemos dejar que nos los arrebaten personas oscuras de mentes cerradas, que porque en su día renunciaron a los suyos pretenden oscurecer las vidas de los demás. Por eso yo ahora me he erguido con fuerza para huir de la oscuridad en la que me hallaba perdida, y he encontrado dentro de mí la fuerza necesaria  para ahuyentar para siempre las tinieblas que oscurecían mi vida. He dado un gran paso, y así me he alejado de la persona melancólica y solitaria que solía ser. Ahora soy otra persona completamente diferente, inmersa en una proyección ascendente, como alguien me ha dicho alguna vez, y hay quien dice que voy irradiando luz para iluminar el camino de quienes me rodean. Sé que puedo con casi todo, y que como dice David Asensio mi único límite es el cielo, porque ahora sí que conozco mis capacidades y no pienso dejar de perseguir mis sueños.
En estos días de verano no he llegado el cielo pero he estado muy cerca, he reído y he llorado a partes iguales, y sé que no me olvidaré jamás de estos días de verano en los que he paseado por el Central Park de Gijón, Los Pericones, o esa misa que tanto cariño cantamos en unas bodas de oro. Ha sido un verano lleno de grandes momentos que quedarán para siempre guardados en mi memoria, y quizá algún día mis nietos leerán las historias de esos paseos al atardecer, en los que tan feliz he sido este verano.
El otoño es una época maravillosa, el momento
ideal para emprender nuevos caminos© Simone Cortesi for openphoto.net
Llega septiembre y es el momento de emprender de nuevo el camino de mis sueños, uno de ellos está desarrollándose, pero aun me quedan muchos  por cumplir, y esta vez  no voy a dejar que se marchiten, aunque las sombras de la noche amenacen con reducirlos a cenizas.

Una de mis áreas de ópera favoritas es Un Bel di vedremo de Madame Butterfly de Puccini, una melodía llena de melancolía a veces desgarradora, que despierta en mí todo tipo de sentimientos y a menudo me hace evocar momentos de mi vida anterior que atesoro en mi memoria. Me siento nostálgica, pero a la vez me sirve de inspiración para seguir soñando y luchando por llegar a ser la Noelia que quiero ser. En la voz de Anna Netrebko suena sencillamente maravillosa, espero que os guste.



lunes, 2 de septiembre de 2013

Lo que he descubierto este verano

Hoy uno de septiembre revisando mi timeline en Facebook he descubierto el último post de Laura Mateo: Leccionesque he aprendido este verano, y claro, no he podido evitar leerlo de cabo a rabo, para después prometer a Laura que yo haría la misma reflexión en mi blog. Eso sí, como yo llevo un año descubriendo mi propia vez, he decidido que más que lecciones aprendidas debo hablar de los descubrimientos que he realizado este verano, por eso mi entrada se titula “Lo que he descubierto este verano”.

Después de un curso cargado de nervios y de mucho estrés, vinieron las buenas notas, que permiten seguir soñando con un futuro mejor en el que tal vez mi vida será lo que yo quiera que sea, al menos eso es lo que me he propuesto. Esas notas las descubrí mientras pasaba unos días en La Mancha, la tierra en la que ahora vive una de mis hermanas, donde descubrí las maravillas de Toledo, de las que ya os he hablado en otra entrada. En ese mismo viaje me maravillé al descubrir Las Tablas de Daimiel, maravilla de la naturaleza que debemos preservar, pues están amenazadas por la voracidad del ser humano que a menudo destroza todo lo bello que encuentra a su paso. El día antes de volver a mi Asturias del alma me perdí por las calles de Almagro, descubriendo el Corral de Comedias, y el Museo del teatro, y allí admiré las maravillosas creaciones que los maestros del encaje de bolillos realizan con maestría.
He descubierto también los hermosos atardeceres de Gijón, que he contemplado en buena compañía desde el Parque de los Pericones, que me han ayudado a dejar atrás el estrés y la ira que a veces me han inundado sin poder remediarlo. Sentada en uno de los bancos, he descubierto la paz y el sosiego del verano gijonés, y me he dado cuenta de que no hace falta ir hasta Central Park para disfrutar de un lugar mágico y acogedor.

Las puestas de sol desde el Parque de los Pericones en Gijón
son más que suficientes para pasar una tarde inolvidable

Y como buena estudiante de filología que aspira a ser escritora, he descubierto las voces de otras grandes escritoras, en las que me he inspirado para escribir las entradas de este blog, y que me seguirán inspirando en los años venideros. Así he vibrado con la voz de Marguerite Duras en El Amante, quien descubrió que “Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde”. Mary Shelley ha sido otra de esas grandes voces que me han acompañado en mis tardes de verano en mi pequeño rincón de paz y tranquilidad. Con ella he realizado un viaje por los miedos y obsesiones de los seres humanos, me he enfrentado a mis miedos más atroces para descubrir que los he dejado atrás. Por supuesto también me han acompañado las hermanas Bennet, y he vivido Cien años de soledad en compañía de Gabriel García Márquez, y espero poder vivir pronto un “Amor en los Tiempos del Cólera” en tan grata compañía.
Este verano he descubierto que no necesito grandes cosas para ser feliz, porque este verano con muy poco he sido muy feliz, pero quizá no es tan poco, pues quizá la mayor felicidad consista en aprender a ser feliz con lo que se tiene. 

Son tiempos duros los que vive nuestro país tras cinco años sumidos en esta profunda recesión, pero yo me he dado cuenta de que soy ahora más feliz que antes, porque he aprendido a disfrutar de la belleza de los atardeceres y de la espuma de mar que baña nuestras costas. Me he emocionado cantando con mis amigos de coro las más bellas composiciones, pero sobre todo he descubierto que quizá para alguien yo pueda ser un tesoro. Como dicen en Inglaterra: Who knows what the future has in store?, o lo que es lo mismo, ¿quién sabe lo que el futuro deparará?, pero pase lo que pase yo este verano he descubierto como ser feliz con muy poco, ¿qué más puedo pedir?
Y para terminar me gustaría compartir con todos vosotros una de esas hermosas melodías que he disfrutado cantando con las chicas del coro: Summertime de Gershwin, en la voz de Leontyne Price, espero que os guste