sábado, 9 de julio de 2016

De súper-heroes anónimos

Hola a todos, espero que estéis pasando un buen verano, a pesar de que en algunos lugares el tiempo todavía no acompañe. Yo con gusto os mandaba un poco de calor, porque las altas temperaturas, el domingo alcanzamos 42º , no son lo mío.  Por lo que me cuenta mi familia, en Asturias ha llovido mucho estos últimos días, lo que ha convertido casi en realidad el famoso dicho de "nunca llueve a gusto de todos". El caso es que hace un par de días en Extremadura las tormentas hicieron de las suyas, algo que aunque a muchos les habrá parecido un incordio, para mí supieron un gran alivio. 

En estos días yo pensaba en esas personas que sufren enfermedades graves, o sobrellevan de manera ejemplar las consecuencias de algún accidente.  Ya os podéis imaginar a qué me refiero, porque desgraciadamente todos conocemos a alguien cuya existencia no está exenta de algún tipo de sufrimiento. Yo reflexionaba sobre lo duro que debe de ser abrir los ojos en un hospital, y descubrir que tu cuerpo ya no es el mismo. La vida ya nunca volverá a ser igual, y no hay nada que se pueda hacer para remediarlo, porque los viajes en el tiempo aún no se han inventado.  Los primeros momentos son sin duda los peores, porque nos imaginamos un futuro negro y carente de esperanza, y nos aferramos a un pasado que sabemos que ya no va a volver. Y es justo en este primer instante cuando a muchos les gustaría que alguien les desvelase el secreto de esos viajes en el tiempo, para así recuperar algo de ese “yo” antiguo del que no nos queremos despedir. Poco a poco vamos aceptando nuestra nueva situación, y tratamos de encontrar nuestra nueva normalidad. Supongo que muchas personas se sentirán identificadas con esto que acabo de describir, porque como ya he dicho todos conocemos a alguien en una situación similar. Sin embargo, ¿cuántos de los que me leéis os habéis puesto en el lugar del cuidador? 
Yo cuido y vivo. Página para cuidadores han compartido esta infografia, con varios
consejos para cuidadores. No dejéis de visitar su página en Facebook 

Normalmente tendemos a identificamos con el que sufre en primera persona, y solemos pasar por alto los sentimientos de quienes le acompañan en este trayecto lleno de sufrimiento. Sin embargo, los cónyuges, los padres, los hermanos y los amigos también sufren estos cambios, porque sus vidas también cambian para siempre , a veces de la peor de las maneras.
El cuidador es quien sufre las manías y los ataques de ira del afectado, que ve reflejada en esa otra persona al espectro de lo que un día fue. Muy a menudo proyectará sus frustraciones sobre la persona que le cuida y acompaña y, a veces, llegan a la violencia. Cuando esto sucede, el cuidador escucha frases como “debes tener paciencia”, “no lo culpes”, o “no es él, es la enfermedad. Frases que aunque están cargadas de buenas intenciones no sirven para nada; en primer lugar, el cuidador ya sabe que detrás de la violencia está la enfermedad, y salvo raras excepciones, vuelcan todo su amor en esa persona que tanto está sufriendo.



Lo que un cuidador necesita es saber que no está solo, que hay alguien a quien puede acudir cuando la situación le rebasa. Un hombro en el que poder llorar a gusto cuando los sentimientos se desboquen, y sienta que ya no puede seguir adelante. Alguien que le diga que es normal sentirse así, y que no pasa nada si a veces siente deseos de animadversión hacia la persona que está cuidando. Es muy fácil identificarse con el enfermo, y que fácil ignorar al cuidador. Por eso hoy mi entrada está dedicada a los cuidadores, personas cuyas vidas también han cambiado de manera drástica, pero no se lamentan por ello porque la sociedad les ha hecho creer que no deben hacerlo. Se toma el cuidado como una obligación, cuando se trata de un hecho altruista y generoso merecedor de los mayores elogios. Cuando se habla de súper-héroes solemos pensar en Superman, Spiderman, seres de ficción con súper-poderes. Sin embargo, en la vida real los súper-héroes son gente como nosotros, y si miramos a nuestro alrededor seremos capaces de distinguirlos entre la multitud. Como ya os podréis imaginar para mi los súper-héroes son los cuidadores, porque hay que estar hecho de una pasta especial para no olvidarse nunca de entregar una medicación a su hora, de llevar a ese querido a rehabilitación, o de cambiar algún que otro pañal cuando la situación así lo requiere. Por eso yo apoyo a la figura del cuidador y me descubro ante ellos, sin vosotros el mundo sería un lugar un poco menos feliz, al menos para quien depende de vuestros cuidados. 

Para terminar esta entrada me gustaría dedicaros esta Pequeña serenata nocturna de Mozart, porque no sé a vosotros, pero a mí me levante el alma, espero que también levante las vuestras. 



2 comentarios:

  1. Hola!!!!! Cuánta razón tienes. Mi hija es voluntaria y va cada semana a acompañar a niños con enfermedades muy graves, y aunque son maravillosos, porque lo son, sufren y tienen una vida difícil y sus padres viven por y para ellos. De hecho cuando mi hija va es cuando ellos aprovechan para ducharse, hacer algo en casa o arreglar papeles, ninguno va al cine o a cenar, por ejemplo. Y si unos padres se agotan así por alguien a quien quieren más que a sí mismos me imagino lo que sienten los demás familiares, es agotador y deberían tener mucho apoyo, mucho.
    Un besito y a mí me encanta el calor de Extremadura, pero cuando vamos siempre tengo aa lguien de la familia con un golpe de calor, ninguno es tan friolero como yo y lo llevan fatal, jejeje.

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  2. Hola Marigem, no sabes cuánto me alegra tu mensaje, tienes una hija muy especial, pero eso me imagino que ya lo sabes. Hay muy pocas personas que sean tan generosas como para dedicar su tiempo libre en beneficio de los demás. Así que sabes de primera mano por su experiencia lo que se sufre. Yo hice esta entrada pensando en una chica a la que conocí en clase de yoga. Su marido sufrió un ictus hace unos años y ella me contaba que a si a él le había cambiado la vida, a ella se le había roto por completo. Un besín y muchas gracias por leerme y comentar.

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