domingo, 26 de junio de 2016

De lecturas atrasadas


Después de haber terminado los exámenes me he acercado hasta Mérida, donde ahora reside mi novio, para descansar y disfrutar del sol que a veces, y solo a veces, se niega a aparecer por Asturias. Son días de descanso en los que estoy aprovechando para leer aquellos libros que había comprado por puro vicio, pero que no había encontrado un momento para leer debido a mi intensa vida académica en la UNED.


El primer libro que he leído ha sido El lector de Julio Verne de Almudena Grandes, y debo decir que me ha sorprendido gratamente, tanto que lo he leído, o mejor devorado, en apenas unos días. La historia, que me ha conmovido mucho, está narrada en primera persona por Nino, un niño de siete años que vive en la casa cuartel de la guardia civil en Fuensanta de Martos, un pequeño pueblo de Jaén. Nino que no quiere ser guardia civil como su padre, entabla amistad con un recién llegado al pueblo: Pepe el Portugués, que ni es portugués ni es tan inocente como aparenta. Son los años de la lucha armada de aquellos que se echaron al monte con esperanzas de libertad, idealistas que se negaron a rendirse y se mantuvieron firmes en sus convicciones hasta la muerte si era preciso. También son años de represión y de hambre, y de muchas tristezas causadas por la mano dura del régimen. También son años de duras contradicciones y terribles dilemas que sufren aquellos que deben acatar e imponer la ley mientras callan sus verdaderos sentimientos. Debo decir que pasé unos días sumergida en el duro ambiente de la posguerra, ya que Grandes ha sabido captar de una manera muy aguda y fiel el sentimiento de impotencia de aquellos que perdieron la guerra, pero que a pesar de los sufrimientos supieron mantener la dignidad.
Este libro lo compré en la librería La buena letra, que está en Gijón en la calle Casimiro Velasco, su propietario Rafa, es un filólogo que ama intensamente la literatura, algo que se refleja en las ediciones que podemos encontrar en esta librería, que están mu y cuidadas. Además Rafa es muy buen consejero, así que os recomiendo que os paséis por allí a echar un vistazo.
Otro libro que he leído estos días es 65% agua, de Isabel Alba, a la que tuve el inmenso placer de conocer en La buena letra, un sábado de lluvia en el que me pasé por la librería de pura casualidad para encargar un libro para mi chico. Isabel me pareció una mujer encantadora, y me identifiqué mucho con ella, ya que contaba que el libro había sido un ejercicio casi terapéutico, que ya sabéis que es más o menos lo que yo hago en este blog. Me decidí a comprarle el libro, pero como mis estudios ocupaban todo mi tiempo he tardado año y medio en poder leerlo y, al igual que el anterior lo devoré en apenas unos días. El contraste entre ambos relatos no puede ser mayor, 65% agua es una sucesión de relatos sin aparente conexión entre si, narrados desde el punto de vista de sus dos personajes protagonistas: Elisa y Andrés. Estos no se conocen entre sí, y sus experiencias vitales se van alternando de manera fragmentaria, quizá porque ambos sienten que no están completos, y que sus vidas no son como a ellos les habría gustado que fueran. Ambos añoran un pasado que ya no va a volver, arrepintiéndose de aquello que no llegaron a ser, o de los lugares que no llegaron a conocer, como la Plaza Roja de Moscú. Si hay algo que he sacado en conclusión de este libro es que debemos actuar de acuerdo con nuestra conciencia, y hacer aquello que nos interese y nos colme, porque de lo contrario la vida se hace insufrible. A veces leyendo este libro tenía la sensación de que los personajes eran muertos en vida, que simplemente se habían dejado llevar por la corriente monótona de una existencia banal y absurda. Sin embargo, y no quiero desvelar mucho, el final nos demuestra que siempre hay esperanza de recuperar algo de aquello que creemos perdido para siempre.

Se trata de dos relatos muy diferentes entre sí, pero que merece la pena leer, yo desde luego os los recomiendo, porque a pesar de la dureza de ambos relatos, las dos autoras dejan lugar a la esperanza, algo que nunca debemos perder.

Los que me seguís ya sabéis que mi otra gran pasión además de los libros es la música. Parece que los libros y la música son dos aficiones completamente diferentes y, sin embargo, la literatura ha servido de musa para algunas de las más hermosas obras musicales. Como ya sabréis este año está dedicado a Shakespeare y a Cervantes, dos de los más grandes autores de la literatura universal. Sus obras han inspirado a algunos de los mejores compositores de la historia. De Don Quijote existen incontables versiones entre ballets, musicales y como no ópera. Hoy me gustaría compartir con vosotros y una pequeña pieza del Don Quichotte de Jules Massenet,interpretada por Silvia Tro Santafé, una soprano a la que he podido escuchar en Bilbao hace unos meses, con un gran porvenir por delante. Espero que os guste.


miércoles, 15 de junio de 2016

No más violaciones impunes

Hola a todos los que me leéis de vez en cuando, a pesara de que mis apariciones por este blog últimamente son bastante escasas. La verdad es que aunque sí que tengo ganas de escribir, parece que cuando me siento delante del teclado las musas parecen abandonarme, y  eso que no dejan de pasar cosas de las que me apetece mucho hablar.
En esta ocasión me gustaría hablaros de la chica holandesa detenida en Qatar por denunciar una violación. Creo que no hace falta que os diga la indignación que siento cada vez que leo o escucho algo referente a este caso, y supongo que a vosotros os pasará lo mismo. Me pongo en el lugar de esta chiquilla de tan solo 22 años y no puedo evitar que la ira se apodere de mi. Me imagino lo asustada y confundida que se debió de sentir esa mañana cuando se despertó en un lugar que no conocía y comprobó que había sido violada. Muchas mujeres en su situación se habrían marchado corriendo de ese lugar, habrían cogido el primer vuelo de vuelta a casa sin mirar atrás, y tratarían de fingir que nada de eso había pasado. Sin embargo, esta joven decidió no salir corriendo y acudió a poner la denuncia para intentar llevar a su agresor ante la justicia. Por desgracia en Qatar, como en muchos otros países, la mujer no tiene derechos y, a menudo, es juzgada y sentenciada, y sufre las penurias que le imponen unas leyes patriarcales injustas. Así, esta muchacha ha sido encarcelada cuando esperaba compresión y apoyo, mientras su agresor alegaba que el sexo era consentido. Además, la "justicia" podría condenarla por beber alcohol en público, considerado delito en Qatar, algo que a nosotros nos parece un sinsentido.
No ha sido este el único caso que ha encendido mi ira estos días. Hace unos días las redes sociales de medio mundo se movilizaban para repudiar la sentencia que condenaba a tan solo seis meses de cárcel a un joven acusado de violar a una muchacha que estaba inconsciente. El suceso tuvo lugar en la universidad de Stanford, en Estados Unidos. El juez se preocupó por el impacto que una larga condena en prisión podría tener sobre el acusado, a quien su padre describe como no violento, y considera que su vida no debería ser arruinada por tan solo "veinte minutos de acción". No sé qué me ha ofendido más si la  actitud del juez o la del padre, porque ninguno de los dos se ha puesto en el lugar de su víctima. Ella misma ha escrito una carta en la que afirma que el alcohol no debería ser un eximente en estos casos, "yo también había bebido", afirma, "pero no te bajé los pantalones para violarte". Sin duda este suceso dejará un gran impacto en su vida, y le costará mucho tiempo olvidar, que un día un joven "no violento" aprovechó que ella estaba inconsciente para arruinar su vida, la de ella, no la de él. Nadie ha mencionado cuanto tiempo de terapia va a necesitar para volver a confiar en un hombre, ni el tiempo que le va a llevar perder el miedo a caminar sola por la calle, por no hablar de la posibilidad de encontrarse cara a cara con su agresor en la calle.
Definitivamente algo funciona mal en este mundo cuando dos mujeres son violadas, y una es encarcelada, y la otra debe sufrir como el juez se preocupa más por la situación de su agresor que por la suya. Es por eso que hoy escribo esta entrada en apoyo de estas dos chicas, para que sepan que no están solas y esperamos que en ambos casos se haga justicia y pronto, porque no hay nada que justifique la violación de una mujer.  Si una mujer esta sola en un bar o donde sea, no significa que cualquiera pueda abordarla, y mucho menos abusar de ella. Si una chica lleva ropa ajustada o escotada no significa que quiera llamar la atención, y por supuesto tiene derecho a caminar por la calle sin que ningún descerebrado le grite alguna grosería. Las mujeres no debemos ser reducidas a meros objetos de deseo.
Por fortuna hay muchos hombres, cada vez más, que sí respetan a las mujeres, y así sucedió en Stanford donde fueron dos jóvenes los que alertaron a la policía y ayudaron a detener al agresor. Gracias a ellos se le pudo poner nombre y apellido y ha sido llevado ante la injusticia, de lo contrario habría sido un caso más de violación en una  universidad estadounidense, y quién sabe lo que   habría podido suceder.

Los que seguís habitualmente mi blog ya sabéis que me gusta terminar con una pieza de música; la de hoy es de Clara Schumann, ya que he pensado que una entrada con un marcado componente feminista debería finalizar con una mujer compositora. Espero que os guste.